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La mano es una estructura anatómica compleja formada por 27 huesos, divididos en carpo, metacarpo y falanges. Cada uno de estos huesos puede sufrir una fractura y, dependiendo de su localización, debe tratarse de forma específica.
En mi práctica como médico especialista en Ortopedia y subespecialista en Cirugía de la Mano, he observado que las fracturas de los dedos y los huesos del carpo son más frecuentes de lo que se piensa, y su correcta atención es clave para recuperar la funcionalidad de la mano y evitar secuelas.
Las fracturas más comunes en la mano se presentan en los huesos largos, es decir, en los metacarpos y las falanges. Suelen deberse a mecanismos de rotación forzada, hiperflexión o hiperextensión.
En el caso de los huesos del carpo, el más afectado es el escafoides, debido a su anatomía y a la función que cumple en los movimientos de la muñeca. Le siguen en frecuencia el piramidal y el ganchoso, que pueden fracturarse por impactos directos o traumatismos repetitivos.
Aunque el semilunar se fractura con menor frecuencia, es importante mencionarlo porque existe riesgo de necrosis avascular si su irrigación sanguínea se ve comprometida.
Las fracturas de los dedos o del carpo pueden manifestarse con dolor, inflamación, cambio en la coloración de la piel, sensibilidad al tacto y dificultad para mover la mano.
A veces, el cuadro clínico pasa desapercibido en los primeros días, y el paciente no sospecha de una lesión ósea hasta que el dolor aumenta o nota que ya no puede realizar actividades cotidianas como sujetar objetos o escribir con normalidad.
Una fractura que no recibe tratamiento adecuado provoca dolor persistente y falta de estabilidad entre los fragmentos óseos. El cuerpo intenta compensar el daño, pero si se ignoran las señales de alarma, la lesión puede limitar significativamente las actividades diarias.
Por eso siempre recomiendo buscar atención médica especializada ante cualquier golpe o dolor persistente en la mano, aunque parezca leve.
Cada fractura tiene una “personalidad” distinta, por lo que el tratamiento debe individualizarse. Cuando los fragmentos óseos mantienen contacto y el desplazamiento es mínimo, puede optarse por un tratamiento conservador mediante férulas o yesos.
Sin embargo, cuando existe desplazamiento, angulación o compromiso en la irrigación sanguínea, es necesario realizar una intervención quirúrgica temprana que permita restablecer la anatomía del hueso y mejorar el pronóstico funcional.
Mi objetivo como cirujano de mano es siempre preservar la movilidad, la fuerza y la estabilidad de la articulación, buscando que el paciente recupere plenamente la función de su mano.
En la mano existen 27 huesos divididos en huesos del carpo, metacarpo y falanges. En cada uno de ellos puede presentarse una fractura y debe de ser tratado de forma específica de acuerdo a su localización. Las fracturas más frecuentes son las de los huesos largos, los metacarpos y las falanges y suelen ser ocasionadas por mecanismos de rotación forzada, hiperflexión o hiperextensión.
De los huesos del carpo el que ocupa el primer lugar es el hueso escafoides debido a su anatomía y su función especial. Le sigue en su frecuencia el hueso piramidal y el ganchoso debido a impactos directos o traumatismos de repetición. El hueso semilunar se fractura con menos frecuencia, pero su importancia radica en el riesgo de necrosis avascular por lesión en la circulación sanguínea.
El cuadro clínico se compone principalmente de dolor, inflamación, cambio en la coloración de la piel, dolor a la palpación y limitación para el movimiento o el esfuerzo con la mano.
En ocasiones el cuadro clínico puede pasar desapercibido y no sospecharse de una lesión ósea hasta pasados varios días cuando el dolor y la discapacidad aumentan e impiden a la persona realizar actividades de la vida diaria.
Una fractura que no ha recibido tratamiento ocasiona dolor debido a la falta de estabilidad en los fragmentos óseos. El cuerpo es sabio e intenta realizar la contención de los fragmentos, sin embargo, si la persona hace caso omiso a las señales de alarma que emite su cuerpo, el cuadro clínico puede obligar a detener las actividades de la vida diaria.
Las opciones de tratamiento se consideran de acuerdo con la personalidad de la fractura. Es importante tomar en cuenta el tipo de hueso dañado, su anatomía, así como su irrigación, en particular en los huesos del carpo.
Cuando los fragmentos se encuentran en contacto, y el desplazamiento y la angulación son mínimos, el tratamiento puede ser conservador con inmovilizaciones como férulas y aparatos de yeso.
Sin embargo, cuando las fracturas se encuentran desplazadas, anguladas y comprometen su circulación sanguínea, es importante considerar una atención temprana que pueda restablecer con cirugía la anatomía del hueso, dando oportunidad a un mejor pronóstico.
Las fracturas en los dedos y los huesos del carpo deben tratarse con precisión y experiencia. Una atención oportuna y personalizada permite evitar complicaciones y recuperar la función completa de la mano.
Mi recomendación siempre es no minimizar el dolor o la inflamación tras un golpe y acudir a valoración médica para determinar el tratamiento más adecuado.
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Dr. Pablo González Lomelín médico especialista en Ortopedia, subespecialista en Cirugía de la mano. Formación médica básica en la Universidad Nacional Autónoma de México.
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